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Al menos una
diplomatura
“... que estudie,
que es importante,
al menos una
diplomatura,
¿no?...” con esta
frase, una madre
intentaba explicar
lo que quería para
su hijo, que era la
segunda vez que
repetía curso o este
otro comentario “...
cuando mi mujer
escuchó lo que nos
dijo, que se iba a
dedicar a ser
camionero, mi mujer
se puso a llorar, se
quedo fatal...” con
el que un padre nos
mostraba su
descontento con las
aspiraciones de su
hijo, nos
encontramos siempre
con una situación de
discordancia entre
lo que los padres
quieren para su hijo
y lo que éste está
mostrando en el
presente para ser en
el futuro.
Es un aspecto delicado.
Para Sanimed las espectativas han de
ser sanas y
positivas, pero
concretar el futuro
hasta extremos
precisos nos parece
poco realista y
bastante arriesgado.
Para nosotros,
cuando trabajamos un
caso de fracaso
escolar, pretendemos
partir de cero,
sobre la base de la
situación actual y
real, sin prometer
nada, ni situarnos
muy lejos en el
futuro en cuanto a
las aspiraciones y
objetivos con el
alumno. La ansiedad
por lo que
acontecerá el día de
mañana ha de
desaparecer de la
intervención y hay
que centrarse en el
ahora para realizar
los cambios en el
presente. La
experiencia manda, y
nos dice que hay que
atar los plazos en
corto y ser muy
sistemático con los
plazos y etapas
marcadas por el
diseño de la
intervención, puesto
que el caballo que
galopa y mira lejos
tropieza pronto...
No me habla
“... no me habla
desde hace una
semana, le castigué
sin móvil y sin
salir...” esta frase
muestra el deterioro
en el que se
encuentran muchas
relaciones
padres-hijos cuando
el fracaso académico
ha irrumpido en las
relaciones del seno
familiar.
Dependiendo de la edad
del alumno y de lo
largo que sea el
período de tiempo
que lleva
suspendiendo,
encontramos
situaciones mas o
menos degradadas.
Lo normal es que los
hijos sometidos a la
presión familiar
durante algún
tiempo, acaben con
una actitud de claro
enfrentamiento y
pasotismo del
discurso parental.
Es frecuente
encontrarse con
chavales encerrados
en sí mismos, que
soportan
estoicamente y sin
decir palabra la
retaila de discursos
convincentes que los
padres le vuelcan
día tras día,
esperando a que su
actitud y
rendimiento cambie.
En otros casos, la
cuestión se agrava,
y aparecen distintas
conductas
disruptivas en el
aula, insultos en
casa o incluso
degeneran en
situaciones
claramente
problemáticas en la
calle.
Desde Sanimed se
busca trabajar
adecuadamente el
triángulo formado
por el
Alumno-Familia-Centro
Educativo, de manera
que hay que
recomponer
relaciones y
reinterpretar
papeles dentro del
núcleo familiar,
esto se lleva a cabo
mediante una
intervención por
profesionales, cuya
intensidad y
duración es
variable, para
reconducir los
aspectos negativos
de las tensiones
emocionales
generadas hasta el
momento.
Así mismo, siempre
se ha de trabajar
sobre la imagen que
el alumno que
suspende tiene de sí
mismo, de manera que
se ajuste al marco
vivencial y pueda
afrontar
adecuadamente la
rehabilitación
pedagógica que se va
a llevar a cabo con
él.
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